""Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísimos seres que me interesan… Allí está la cuestión absurda: soy una convulsión. De allí proviene mi imposibilidad absoluta para sustentar mi amistad con alguien mediante una comunicación profunda y armoniosa. Tanto me doy, me fatigo, me arrastro y me desgasto que no veo que instante de liberarme de esa prisión tan querida. Y si no llega mi propio cansancio, llega el del otro, hastiado ya de tanta exaltación y presunta genialidad, y se va en busca de alguien que es como soy yo con la gente que no me interesa".Alejandra Pizarnik
Mu[DANZAS]
[MUDA]nza[S] [MUDAN]zas ANDANZAS del espíritu, del cuerpo, del pensamiento
29.5.26
15.7.12
los patos, el gorjeo de las aves... Ver llover la madrugada,
los saltos, las hojas, las pisadas escurrir entre la pared...
Y danzar. Ver llover y callar. Ver llover y gritar embarrando
el cuerpo en el sofá, en la pared, en la materia que abraza, en el cabello enredado,
ver llover y enfriar la mente y escuchar el cuerpo, el llanto, la risa, el ojo reconociendo el mundo
callando lo hipotético... Y al instante siguiente ver llover las hormigas aun ordenadas, oscuras
frágiles... Y ver llover las pestañas con pulso, con brío, con mano reposando en cintura
o entre dedos... Y ver llover fragmentos inexistentes en forma de réplicas bajo ceja acabadas.
Y ver llover moscas, mosquitos, luciérnagas, hojas libretas, dientes, colmillos estrechos
clavándose en ondas llenas de gotas derramadas en la espalda... Y ver llover los anteojos
en rompecabezas ahogando esperanza infiltrada, pepenando
el roce de las gotas... Y ver
llover aun más bajo los trazos del verano con la tierra ascendiendo, entrando, vibrando
entre cada poro... Y ver llover la llama de la vid, la trenza deshaciéndose para alcanzar la rama
donde las hojas sostienen oruga, paraguas y un racimo de sol. Y ver llover cuando el avión espera,
la banca se moja, la bebida se enfría, los remos salen y las rocas brillan. Ver llover bajo las escaleras
orinando, oliendo troncos elevados de caricaturas, hologramas en ruedas enfriando el sexo.
Y ver llover la silla donde voy, el cuerpo relajado, el pezón erecto envuelto en frío movimiento que alza, levanta, alborota peinados y faldas. Y ver llover labios hinchados en gozosa sonrisa...
Y ver llover el universo, las nalgas, cobijas y caminos sin pavimento natural o artificial. Ver entonces la inundación
y los juegos bajo el puente colgante. Ver llover en el río, en el lago. Ver llover en la orilla del labio elefantes.
14.2.12
De las horas sin tiempo
Tengo sueño y mis dedos han comenzado a juguetear con mi cabello...
Hacen y deshacen trenzas como si fuese la hora del recreo. Reacomodo el cuerpo, giro la cabeza hacia un lado y los dedos sigue entrelazando mechones, jalan la liga hasta apretar la punta, vuelven a deshacerle con suavidad y las extremidades de la mano se pasean de abajo hacia arriba... Miro en el espejo la espesura y el brillo de esta melena, le acaricio, le respiro, cambio la postura de las piernas, recargo la espalda, atrapo el cabello entre las manos, los dedos se rozan en esa suavidad mientras lo dividen comenzando una vez más, se detienen a la mitad, aprietan la liga, la trenza queda de un lado sobre el pecho, dejo que las palmas sientan la textura y deslizamiento en delicada caricia de arriba-abajo... Tengo sueño y sigo sentada, ya no veo mi rostro, los pies están desabrigados, la pared besa la espalda... Tal vez espero que la trenza crezca, me cubra y en una ola atore la puerta, agriete paredes y tumbando ventanas me expulse.
Duermo. Despierto. Desvanezco con el aroma en la trenza impregnado de sales internas ...
Hacen y deshacen trenzas como si fuese la hora del recreo. Reacomodo el cuerpo, giro la cabeza hacia un lado y los dedos sigue entrelazando mechones, jalan la liga hasta apretar la punta, vuelven a deshacerle con suavidad y las extremidades de la mano se pasean de abajo hacia arriba... Miro en el espejo la espesura y el brillo de esta melena, le acaricio, le respiro, cambio la postura de las piernas, recargo la espalda, atrapo el cabello entre las manos, los dedos se rozan en esa suavidad mientras lo dividen comenzando una vez más, se detienen a la mitad, aprietan la liga, la trenza queda de un lado sobre el pecho, dejo que las palmas sientan la textura y deslizamiento en delicada caricia de arriba-abajo... Tengo sueño y sigo sentada, ya no veo mi rostro, los pies están desabrigados, la pared besa la espalda... Tal vez espero que la trenza crezca, me cubra y en una ola atore la puerta, agriete paredes y tumbando ventanas me expulse.
Duermo. Despierto. Desvanezco con el aroma en la trenza impregnado de sales internas ...
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