Grita la chica mirando hacia arriba, las hojas se balancean bajo el tenue azul resplandeciendo con la luz de otoño, grita mientras el arroyo canta y el gorjeo de las aves en delicada armonía aumenta.
Los pies desabrigados están plantados entre hierba y tierra húmeda, el cuerpo se encuentra rígido con los brazos en gesto como cuando alguien pregunta con desesperación; de pies a cabeza se encontraba alerta esperando escuchar aquel sonido diferente del eco que había creado con su duda y el ruido de su respiración entrecortada.
Un frío viento saludó su rostro y comenzó a enfriar la cálida gota que, con ritmo lento, iba escurriendo sobre su mejilla, ya escondiéndose entre sus labios.
"Están todos. Está todo lo que tiene que estar..."
Murmuró dirigiendo los ojos a su alrededor mientras el verdor de hojas y hierbas brillaban con intensidad, un pez salta de entre el agua que viaja a velocidad constante; sabe que al oscurecer las luciérnagas danzaran su melodía.
"...Pero mi espíritu quiere mirar una vez más en la orilla de tu ventana que me lleva al infinito".
