31.7.09

Piedritas en la ventana

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero hoy me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en su escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana

Mario Benedetti.


Sin mares para naufragar.
Sin tierra para morir.

30.7.09

Todo está nublado
según miran los ojos.

El calor ahoga de vez en vez
durante el medio día
hasta pasada la media noche.

Palpitante es el corazón por naturaleza.

Ardor en el esternón
flamea doloroso
como para pedir al corazón
deje por largos minutos su palpitar.

La sombra juguetona se ha extraviado;
como si la luz le hicera daño.

Saltar imploran las piernas;
cual peces sacados del agua,
asfixiadas por el peso.

Lentos entre la eternidad del tiempo
van los pasos;
como jugando carreritas contra las tortugas.

El tiempo espera ansioso
detenerse algún día.

Juguemos a escondernos;
que los otros te encuentren y
después tú los encuentras,
que los otros me encuentren y
después yo los encuentro.

Jugemos a desaparecer
distrayéndonos con la suspensión del cuerpo
en la ausencia.

Juguemos a ser desconocidos
para desaparecermos de la memoria mutua.

Juguemos a ser extranjeros
con un idioma divinamente extraño;
es más divertido jugar a Ser ajenos.

Juguemos cual perfectos desconocidos
evitando marchitar el espíritu
que sonríe ingenuo.

Juguemos a hacer discursos disfrazados,
así habrá certezas
y emoción por volar
la imaginación
para revestir el propio discurso.

Juguemos a que nos amamos
así cuando el juego se nos acabe
no te extrañaré
ni me buscarás.

Juguemos, pues, a ser niños y ancianos
así, si nos llega la época de oro
sabremos que no estuvimos solos
y quienes nos compartan en esos momentos reales
se sientan a gusto con ese anciano y anciana
que tantearon su ancianidad;
seremos niños ensayando para ser ancianos
y ya de ancianos estará la tentativa de ser niños.

Juguemos a que nos odiamos
con nuestras condiciones de juego.

Juguemos a lastimarnos mutuamente
mientras intento hacer esgrima y te picoteo con una rama,
mientras intentas recrear olas y me arrojas agua de a chorro.

Juguemos, despidámonos y olvidémonos.

Juguemos a ser adultos.

Juguemos a que respetamos a los otros.

Juguemos a ser creadores de ideas únicas.

Juguemos al juego propio y no al de la sociedad.

Juguemos al deber hacer para después odiar.

Juguemos a la guerra
para después hacer el amor.

Juguemos a temer
y al final
nos encontraremos frente al desapego.

Juguemos a que nos castigan,
que nos separan
y ya no volvemos más.

Juguemos a que no existe la esperanza.

Juguemos a despedirnos
una y otra vez
y otra vez.

Juguemos... sólo juguemos.

Juguemos a que teletransportamos
la consciencia a un mundo con el cielo que carga verdes
azúl turquesa, lilas
y que la locura
vive con tranquilidad entre nosotros.

Juguemos a someter la esclavitud
y quitarle el yugo a la libertad.

Juguemos al viaje de nunca jamás.

Juguemos a falsear la realidad,
a darle credibilidad a la irrealidad.

Juguemos a que nunca conocimos nuestro estar.

Juguemos a hacer promesas al asfalto;
que nunca será azotado por los rayos del sol
mientras lo regamos
sobre las macetas que carga.

Juguemos a estar no estando.

Juguemos a que nos inventamos nuestra cordura
y la contradicción la cubre.

Juguemos pronto
para atrasar la hora
de llegar a casa.

Juguemos a que no conozco tu aroma
ni tú el mío.

Juguemos a que los labios son de hule
y no hay peligro de sentirnos.

Juguemos a que nuestros espíritus,
si se juntan,
se marchitan
y después reviven.

Juguemos a que no sabemos jugar
creando las propias mediciones del juego.

Juguemos a que no nos interesa
ganar, perder
o abdicar.

Juguemos a nuestro primer encuentro
donde no hay sonrisas,
sólo ojos extraviados entre la multitud
y melodías entre los árboles.

Juguemos, pues, a estar en el presente...

Juguemos, pregunta una voz.
Jugemos, responde quien fue cuestionado.




23.7.09

Van revueltos los unos con los otros.
Van indiferentes porque se ven todos los días.

Ver a un pordiosero no inmuta a nadie, bueno, en realidad sólo a los niños (que van conociendo que existen personas que viven así), a los más nice les sale cara de descomposición (hasta eso, hay gente noble que les ignora o les regala una sonrisa).
Ver a un mugroso es lo más normal así como el acto de ignorarlo, de no extenderle la mano para recogerlo del suelo, pues ¿para qué levantarlo si no se tiene la posibilidad de llevarlo a un lugar donde pueda estar mejor o por lo menos ofrecerle un poco de humanismo? Tal vez regalarles un poco de comida sea lo más que podemos hacer.
Tal vez el propio humanismo es lo que los ha llevado a ser hombres mugrosos, que no lograron adaptarse a la sociedad con las opciones que ofrece, eso si, de que tienen opciones tienen opciones; de acuerdo a su suerte de nacido en alguna familia rezagada económicamente, emocionalmente o intelectualmente.

Pocos son los saciados, momentaneamente, con aguas cristalinas cuando la boca parece un pequeño y profundo desierto y los labios las grietas de una tierra que muere por la sequía, logrando acostumbrar al paladar a los propios meados, el único líquido que ha logrado beber, con frecuencia, sin que logre saciarlo desde hace tiempo.

Soy parte de esa masa de carne que no es capaz de llamar una ambulancia para recoger a un hombre tirado en el suelo embarrado de su baba espumosa, seca, que marca el pavimento de la banqueta caliente justo bajo su boca y parte de su rostro. Es una lástima que tengamos que hacernos miles de preguntas antes de actuar, antes de poder ayudar a alguien que desconocemos y no saber hacia quién ni dónde dirigirnos, o quitarnos un temor absurdo e infundado que nace cuando se quiere ayudar a alguien, en vez de ignorarlo, para que pueda ser levantando y atendido pero preferimos sólo mirar con tristeza y seguirnos de largo.

Todos hacen, hacemos nada porque es normal hacer nada, es de todos los días ignorar porque seguramente esos han elegido llevar la vida que llevan, o porque uno tiene sus propios problemas como para poder ocuparse de otros, o porque es normal que existan, se ven como parte natural de nuestro hábitat.

Y entonces resulta que los ojos se inundan porque el contraste es lastimoso. Observar los tipos de miradas. Cuando el tipo de mirada que se posa sobre un estrafalario, sobre los bonitos, sobre los que llevan lustro en su andar; es de admiración, de curiosidad, de seguirlos con la mirada.
Los ojos quieren estallar cuando se ve el contraste.
Cuado desde lejos se vislumbra a un hombre que no tiene la gracia de la suerte en la vida y entonces las miradas que se observan son de querer ignorar, o la mirada se torna desagradable como si se hubiese visto un vómito andante, o un estorbo entre los peatones...

Vamos revueltos, vamos indiferentes. Nos vemos todos los días entre los rostros diferentes, nos sabemos existentes y ajenos a todos, y parece sufienciente para hacer nada.

Vamos revueltos. En donde hay ojos siempre hay ceguera.

18.7.09



Princesa elefante soplando la arena.

Baobab desperdiciando hojas.
Después de la charla ella se detuvo unos instantes esbozando una sonrisa extraña.

Una hora más tarde estaba lista. Aquel chico que había llegado por ella no era su tipo, lo que no impedía que de vez en cuando surgieran ideas extrañas, que la extrañaban, en su cabeza.

Subieron al coche. El sol del medio día no hundía en calores extremos.
No tenían el modelo que quería, le decía a ella mientras le entregaba la ropa íntima que había elegido para la ocasión; las vendedoras me veían como si estuviesen frente a un depravado, decía el chico. Cuántos hombres no llegan a comprar ropa interior para sus parejas, exclamó la chica y ambos rieron. Sin embargo el encaje no era lo que la chica acostumbraba.

Llegaron a casa de él y le presentó a la chica la botella de vino que estaban por beber. Charlaron sobre música, sobre las ideas que se prentendían para las fotos.

Llegado el momento en que el vino había hecho su trabajo de relajación, en ambos, se dispusieron a comenzar, él tomaria fotos mientras ella posaría en interior de encaje.

Un deseo extraño estaba siendo cumplido, ya el de él, ya el de ella.
El nerviosismo lo señalaba en el temblar de la cámara, prefería colocarlo en el trípode aunque tenerla en las manos era más fácil para su trabajo; el sudor presuroso comenzó a recorrer su frente antes del comienzo de la sesión.
Ella no se inmutó para evitar cualquier posibilidad de cambiar el estado de la situación, se limitaba a moverse y mantenerse como el chico le pedía, sonriendo ambos de vez en vez.

En una postura de tantas, cuando la chica le daba la espalda él pasó lentamente su mano sobre la espalda que se le presentaba, sobre el hombro y siguió haciendo click con la cámara.

Los segundos transcurrían presurosos sin que ambos lo notaran. Me has desnudado, exclamó la chica entre rostro sonrojado y risas, risas para mantener todo igual; después de que el sujetador y la tanga de encaje ya llevaban rato sobre una silla junto a su ropa.
Los senos, la espalda, las nalgas, el pubis, los muslos, los pies, los brazos, el cabello; todo fue encerrado en la caja negra que hacía del chico un cíclope.

Saberse deseada, admirada de esa forma, la hacía ser sujeto y no objeto, de vez en cuando el dorso de la mano del chico rozaba delicadamente su espalda, su mano completa atrapaba su hombro, los dedos pasaron concientes y lentos por su cintura, nada más. Eso se convertía en un sueño. Ver la contención y nerviosismo de él para que todo siguiera igual entre ellos le resultó extraordinario.

Fascinante le resultaba ser descubierta en su totalidad y que el sexo no dominara los deseos. El vino para ese entonces había sido desplazado.

Miradas a su cuerpo, su perfil, miradas entre ellos, posturas, sudor, risas, locura, todo se ahogó en la última copa de vino que se bebian al estar analizando, como buenos aficionados, el resultado de la sesión.

El cuerpo de la chica brillaba extraño, sería por el vino.

Disfrutarse ella misma con la vista del otro era su fin.
Poder desnudarla y observarla en un ambiente amigable era el fin del otro.

16.7.09

Ser nocturna.
Mis cabellos brillan entre la tierra, el reflejo del astro rebota sobre los cuerpos escarabajos que desde la raíz hasta la punta caminan yendo y volviendo formando las extensiones brillosas de mi largos y caminantes cabellos.
Mi cabeza está plantada en la tierra mientras mis cervicales y hombros sirven de apoyo; ya que mis pies no querían mantenerse bien puestos sobre la tierra, decidieron vivírsela saltando, haciendo piruetas. Robándome así momentos de lucidez y realidad.
La cabeza se cansó de los pies tan andantes, cual bailarines extraños; que no estuvieran firmes, inamovibles, como suelen decir, entre comillas, tener los pies bien puestos en la tierra; así que decidió plantarse ella, y para avanzar por el bosque, por entre el asfalto, para mudarse de lugar necesita, ahora en adelante, que su cabellera naciente tire de ella.
El recorrido es delirante, el recorrido lleno de tierra húmeda, raíces, hojas cargando animalillos extraños que las deboran, ramas enredadas y sosteniendo nidos, patas; gusanos, cienpies, babosas siguiendome con sus antenas, larvas, lombrices haciendo eses a su paso, hormigas pisoteandose y regresando a sus filas y, sobre todo, un recorrido lleno de escarabajos entrelazados unos a otros en filas de verdes, azules, rojos, naranjas tirando de mi. Nocturna, parece gritan entre zumbidos los de más adelante mientras otros cerca de mi oído y emocionados expulsan del zumbido eres tú.
Sólo una sonrisa llena de tierra se esboza en mi rostro, marcado por las ramas. Los ojos vueltos locos, como burbujas viciadas, sólo miran fuera de sí el recorrido, los colores extraños y alargados, el cielo tan perdido por entre las ramas de los árboles, entre plantas llenas de telas de arañas donde unos que otros insectos cadáveres, momificados, reposan en esas telas cual divina hamaca para descanso, las orugas van lentas colgando de las hojas, mordiéndolas y mirando pasar mi cabeza llevada por los escarabajos, como eterna procesión; las mariposas juguetean entre mis muslos, entre mis nalgas, entre mi sexo y mi abdómen; se reposan y adornan de colores intrigantes mi pubis.
Los pies y las piernas siguen cual excitados amantes un baile extraño, subiendo, bajando, tocando la punta de la cabeza, llegando al otro extremo, curvando la espalda baja y haciendo que los glúteos se redondeen más, se elevan de nuevo lento por entre las ramas, por entre las hojas flores; siempre de puntillas, pintados rojo sangre pareciendo pezuñas con los dedos juntitos afilando; sin que peso alguno se atreva a marcar heridas en los dedos, o reventar las rodillas. Así van, también, los pequeños senos colgando en una caída que permitirá mantenerlos bien parados dentro de ese reto a la gravedad, sin dejar el éxtasis de marcarlos. Así continúan en el juego la espalda y el abdomen, adornados por la sangre despuntada tras rasguños arbustos, celosos de no poder mantener el cuerpo cerca, unas que otras hojas caen sobre el cuerpo y quedan pegadas resbalando con la sangre por la espalda, las nalgas, el sexo.
Van subiendo por el cuerpo algunos escarabajos mechones hasta topar la aureola de los senos cual Venus naciendo de cabeza, burlando la gravedad sus nuevos cabellos.
Los brazos van extrañamente desfasados, envueltos por una tela sedosa de araña que permite recibir como caricias el recorrido por el que son arrastrados, las manos y los dedos juguetones aprovechan y aprehenden las texturas naturales que el camino regala a su tacto.
Van los zumbidos, los movimientos, los gritos nocturnos y el grito propio volviéndome noctura dentro del bosque, cerca de un lago, vamos, van... Tan encantada de todo, tan encantados de mí.
Qué importa ya que los pies se mantuvieran entre las nubes.
Qué importa ya que la cabeza lograra mantenerse centrada donde, entre comillas, debían estar los pies.
Qué importa ya el mundo, tan lleno de olores de descomposición que los humanos cargan hasta que sus cuerpos tornan color grisáceo.
Qué importa ya si puedo estar entre la belleza, convivir entre los rasguños reventando la piel, si puedo convivir entre mariposas agitadas jugando con mis labios hinchados y expuestos cada que las piernas se abren en su danza.
Qué importa ya si puedo tener una hermosa cabellera salida de la madre tierra, cubriendo de a poco en caricias mi cuerpo.
Qué importan ya los mundanos.
Qué importa ya si el joven color tierra se disfraza entre troncos y sólo mira un rato de lejos para mantenerse, entre comillas, unos minutos cerca.
Qué importa si puedo beber lodo, sangre y agua que lleva consigo orugas, hormigas, arañas, hojas, piedras brillantes y ramas entre la corriente sin dejar de danzar los pies vueltos pezuñas y las piernas vueltas ramas.
Qué importa si en el camino me ahogo con la lluvia que mantiene lleno el lago, húmeda la tierra, mi vagina, mis ojos y mi boca.
No dejan de aletear los escarabajos, mientras seguimos avanzando, el extraño zumbido que me grita eres tú, nocturna.

13.7.09

Extraños

Soy adicta. Alcóholica.
He realizado un autoanálisis y me doy cuenta de mi comportamiento.

Gabriela, exageras!

Tito, creeme que no!
Lo soy, me sé alcóholica... he caído en cuenta que todo cuanto hago es para evitar el alcohol, para evitar lo que ya no recuerdo que era.

Creeme que no. Tienes un problema, sí, pero es más bien el de crear irrealidades! No manches Gabriela, en toda tu vida, y hasta donde platican tus parientes, nunca te has puesto peda, ni te has caído de una silla por estar borracha, ni te has meado sobre tu ropa por no poder contenerte en una fiesta, ni has vomitado encima de alguien que estuviese ayudándote a sentar o a levantar, ni te has quedado dormida junto a algun extraño en el suelo sobre tu vómito, y yo, yo! nunca he tenido la necesidad de querer alejarme de tí por algún comportamiento relacionado con la bebida. Yo que soy hijo de un padre alcóholico y que he superado el jodido patrón de conducta que me hacía relacionarme con otro alcóholico... Qué te sucede, por qué de buenas a primeras te aferras a una idea que es tan ajena a tí.

Caray Tito, no te das cuenta, nadie se da cuenta. Cada que voy al supermercado tengo que hacer un esfuerzo enorme por evitar el pasillo donde, como si estuvieran formadas las botellas de vino, de whisky, están esperando una orden de mi parte para que, cual soldaditos, vayan avanzando con saltos hacia delante y los atrape para colocarlos en el carrito. No tienes idea de lo desesperante y angustiante que es sentir mis papilas gustativas con un deseo explosivo de saborear el vino o whisky, o sentir mis labios palpitando al ritmo del corazón por humedecerse con tan agobiantes texturas liquidas.
Carajo Tito! no te das cuenta y nadie se da cuenta porque precisamente lo que he elegido como modo de vida es para evitar todo ello, para evitar ponerme a berrear haciendo preguntas estúpidas que sólo tendrían sentido para mí, para evitar reirme como loca sin control, para evitar desnudarme o abrirme de piernas ante el primer cabrón que pretenda seducirme, para evitar caerme de la silla, para evitar mearme en el bar, para evitar vomitarle encima a alguien que me este recogiendo del suelo, (no en el suelo). Por eso digo Tito, soy alcóholica, una maldita briaga conteniéndose!
Ah, Tito, la excitación por un vino me corroe y no tienes idea de cuánto, al grado de que mi cuerpo, mi espalda, mis senos excitados, mi piel tienen la sed de beberse el vino por mi. Mi cuerpo ha mutado, ha encontrado la manera de no limitarse del alcohol, el puede beberlo sin que yo lo haga llegar por el esófago, como si toda la piel fuera una extensión de mi boca y mi lengua. Como si cada poro pudiera estremecer el cuerpo sin necesidad de la lengua degustando el vino. Y entonces el cuerpo se estremece cada que las botellas aparecen, o mejor dicho, cada que me aparezco ante los pasillos repletos con vino. Entonces las manos, carajo Tito, las manos tienen vida propia y cada que toco una botella los dedos estan queriendo succionar el vino a través del vidrio polarizado, la nariz se agudiza al grado de que todos los jodidos olores que estan viajando a través de los pasillos se concentren en penetrarme hasta el fondo las fosas nasales sin importar el posible malestar que provoque semejante exceso de olores, dejando las fosas lastimadas, resecas y todo para lograr robar un ápice del aroma contenido y apretujado, en las botellas, que se escapa de a poco por esos poros del corcho. Ah, Tito, la piel se excita con aquellas bebidas como si fuesen un hombre acariciando, besando, erizando los vellos y excitando lento todo el cuerpo.
Soy una maldita alcóholica y para poder superarlo necesito aceptarlo! Asi que, Tito, no me taches de loca, de mujer que se refugia en la irrealidad.

Gabriela, desde cuándo...?

Recuerdo mi niñez, preñada de imaginación insaciable y obligada a ser encerrarla en un tunel oscuro porque la realidad contrastaba con ella. A veces ya no sé si lo que vivo es la realidad o lo que mi imaginación va creando.

Se cierra la historia.

En realidad sería dificil hablar algo así, me imagino -escribe Nne-. Bueno, todo es posible si sigo imaginando. Esto de imaginar historias resulta divertido, aunque muchos adultos crean historias para que sus vidas no parezcan aburridas, y yo lo intento hacer con un niño para alejarnos del mundo por un rato, que con tan sólo casi tres años logra rebasar mi "insaciable imaginación", tal vez me siento cohibida. Es una sensación extraña de saberme adulto y ya no una niña, y recordar la niñez, cuando estábamos "preñados de imaginación insaciable..." "haciend, con lodo, pastelitos, vasijas, collares y otros etcéteras. En fin. Pongámosle un final a esta historia.


Tito, ya me cansé, bebamos un poco.

Está bien. Voy por las copas, saca el corcho. Tengo la urgencia de ir al baño, ahora sólo tenemos unos minutos para ponerle fin a esta obra y luego seguir con la mía.

No, Tito! ¡La apuesta! Aguantate, aguantateeeee.
Ya no pueeedoooo.

¡Perdiste! ¡Toca jenga!

No es el mejor de los finales pero, igual que Gabriela, ya me cansé. A beber!
No, no... no soy alcóholica. O tal vez sí y la usé a ella para aceptar mi posible problema.
Tito tuvo la suerte o mala suerte de que lo recuerde usando su nombre aquí. (Titus Andrónicus).

6.7.09

Intentaba contener las lágrimas.
No era su afán que el llanto atiborrara de gestos deformes su rostro.
Con el dorso de su muñeca y mano izquierda tapó sus ojos, limpiando las lágrimas que se asomaban.
No era su afán sentir ese dolor. Ningún tipo de dolor.

Antes de ese llanto, antes de esos llantos que cobijaba y sigue cobijando su almohada, cuando llega la noche y el recuerdo de sonrisas y gestos infantiles, poblaba en su rostro una sonrisa que crecía, su pecho se estremecía de un calor extraño y sus ojos se ahogaban de alegría.
La gente hablaba como suele hablar, con palabras que llenaban su ego, alabando a fin de cuentas un estado exterior que está en constante cambio, unos que otros repiten esas palabras que, a su parecer, son prejuicios y cómo odia los prejuicios.

Ella sólo piensa que el mundo no se los merece, mientras los ojos son ahogados por gotas de sal..
Y entonces habla con ellos, con ellas [los no existentes en el mundo material].
Sus hijos [que evita tener] que nunca fueron y nunca serán

No espera que los que no son [los que existen como posibilidad en sus óvulos y espermas buena onda] le agradezcan por evitarlos del mundo.
No espera que alguien le reconozca [los ajenos a sus ideas] lo que defiende ya que no es la primera ni la última mujer que se salva salvando a sus no-hijos del mundo.

No quiere pensarlos cuando de humanos aún sin ser humanizados [recién salidos de su útero].
No quiere pensarlos de pequeños, ni soñarlos dentro de la adolescencia, ni sentirlos por medio de la imaginación cuando de grandes estrecharían sus abrazos rememorando los abrazos dados durante el fluir de las edades. [tantas batallas contra el mundo sin lograr protegerlos, porque ya los habría parido]

Sin embargo ahí está, tapando su llanto a medio contener porque le duele no querer, le duele querer [a fin de cuentas humana la pobre mujer!]. No puede hacerles eso, hacerse eso, hacerle eso a quien dé gustoso su esperma [No deja de lado la conciencia].

Suficiente tiene con su vida, la lucha constante con lo absurdo que es la vida.
Suficiente tiene con todos, con la sociedad pútrida y absurda en que vive y la que existe fuera de lo que vive.
Suficiente y a reventar de un mundo desigual, intolerante, afligido, vale madrista, vacío pero muy lleno del sentido materialista.
Suficiente de lo poco lleno de las buenas voluntades, de las acciones de los otros que siguen siendo insuficientes como para que exista igualdad, como para que se dejen de morir de hambre unos, como para que la violencia emocional y física deje de alcanzar a mujeres y hombres de todas las edades, como para que uno deje de ser el objeto de otros y se pueda ser sujeto de uno mismo.
Suficiente tiene con su propia experiencia sobre las emociones que le agradan, que la elevan y que la obligan a caer.

Suficiente... Demasiado... Insoportable...

Las lágrimas fluyen inesperadamente recorriendo su rostro.
Su frente siente el frío, recarga la parte derecha de su rostro, su hombro derecho y la palma de su mano izquierda contra la pared. Un abrazo álgido salido de la pared es lo único que la consuela. La pared la escucha, no hay juicios, la acoge entre su discreción y ella llora dentro de sí, en el silencio que la acompaña.

Nada espera.
Ama la pureza, la libertad, el sentir ingenuo y verdadero de un humano recien llegado al mundo.
Ama los abrazos, el pequeño rostro sorprendido bajo el chorro de agua cuando lo bañan, los juegos que transforman el mundo material-real por medio de la imaginación creando bosques surrealistas alrededor, creando naturaleza, creando entes, creando adversarios, creando mundos, creando, creando, creando...
Ama la libertad de dar y recibir amor sin prejuicio que sólo es posible con un humano aún puro [acepta al que ya está en el mundo].

Las lágrimas se detienen, el pecho se libera de a poco [Es lo mejor para ellos -piensa-]. La calma vuelve a la mente, al cuerpo, al espíritu. La noche se ahoga en el sueño.

Despierta, un nuevo día le espera y sigue fluyendo su estar, como la lluvia, en el mundo

3.7.09

Pa' llorar de risa.
Amén.






Llorar, reir, enojarse, agradecer y hacer.
Ante las desgracias sociopolíticas que nos aquejan...
Ante los pensamientos que creemos como los mejores para salir de dicha situación (y sin embargo siempre se mantienen en los pensamientos, nunca en el hacer)...
Ante los sueños de una vida "mejor" para todos...
hay que salir un poco [sólo un poco] de la monótona situación.
Hoy, a todos los dioses, agradecemos por Papi Quino, por parir a Mafalda, nuestra mirada a la realidad con gracia. Que nos permite cagarnos de risa ante semejantes realidades que nos permean. ¡Amén!



¡Siiiii! un escapismo de vainilla y pistacho, ¡POR FAVOOOR!


Si no hay comida cuando se tiene hambre,

si no hay medicamentos cuando se está enfermo,

si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales

de las personas, la democracia es una cáscara vacía,

aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.

Nelson Mandela.

(Discurso pronunciado en la Cumbre del Mercosur,

Ushuaia, julio de 1998)