No no we'll never survive unless we get a little bit crazy
20.2.11
18.2.11
Del Ser, del deseo y del mundo
Recordando el Ser, el devenir de uno con el todo, contra el todo, entre el todo...
Mientras los dedos sostienen la taza con la bebida caliente y los ojos se clavan en la lectura.
¿Qué hacía la Pantera Rosa?
Tomo el último sorbo del mate y una delicada sensación embriaga mi cuerpo, mi espíritu...
Qué exquisitez leer eso y sorber aquello...
Mientras los dedos sostienen la taza con la bebida caliente y los ojos se clavan en la lectura.
¿Qué hacía la Pantera Rosa?
"Se ha señalado a menudo que la tela de araña implicaba en el código de este animal secuencias del código mismo de la mosca; se diría que la araña tiene una mosca en la cabeza, un 'motivo' de mosca, un 'ritornelo' de mosca”.
Liberar la vida no es algo abstracto. Deleuze piensa que la literatura libera la vida gracias a la creación de personajes. El capitán Ahab, Martín Edén, Robinson Crusoe, Alicia, Medea, Fedra, por citar unos cuantos. Estos personajes no han sido creados sacándolos de la vida real, sino que son fruto de la invención de los escritores, son fantásticas potencias de vida, gigantes de la vida: su misma existencia es ya resistencia frente a la imbecilidad y la vulgaridad.
La filosofía también tiene la función de resistir frente a la imbecilidad y la vulgaridad. La propuesta de Deleuze para liberar la vida del lenguaje del ser y de los juicios trascendentes se podría expresar en forma de tres acciones: borrarse, experimentar, hacer rizoma.
Borrarse quiere decir difuminar en nosotros el universal o la especie a la que pertenecemos: “hombre”, “blanco”, “occidental”. Nuestra identidad está formada por los contornos fijos, las líneas duras del ser. Para que la vida circule y devenga hay que poner en movimiento el territorio, emprender líneas de fuga, desterritorializarse. Convertirse en nómada. Pero el nómada no es el exiliado, no es aquel que debe abandonar su territorio, sino que es aquel que está continuamente moviéndose porque justamente lo que no quiere es abandonar su territorio.
Se trata de buscar otros trocitos de tierra favorables, porque los estratos de los que estamos formados no agotan la materia. Ser nómada es emprender movimientos de desterritorialización y reterritorialización, es salir fuera de los estratos de nuestra identidad como personas, fuera de la lógica binaria por la que somos hombre o mujer, niño o adulto, profesor o alumno, humano o animal. Deshacer o borrar estos estratos de contornos fijos no es matarse, sino permitir conexiones, circuitos, tránsitos y devenires. Es combatir el uno de nuestra identidad y hacernos múltiples.
Borrarse –nos dice Deleuze- es hacer como la Pantera Rosa (el dibujo animado de las películas de Blake Edwards). ¿Qué hacía la Pantera Rosa? Pues pintaba la pared que había detrás de ella de color rosa y, de esta manera, pasaba inadvertida. Hacer que el mundo devenga rosa para devenir imperceptible, indiscernible, impersonal, devenir mundo.
Es de nuevo otra imagen de cómo emprender líneas de fuga. No se trata de huir del mundo sino de hacer que el mundo huya. El mundo huye (el mundo de la clasificación de la lógica binaria, el mundo en el que nuestra identidad se recorta, negro sobre blanco) cuando dejamos de hacernos de notar, porque somos mundo, porque somos como todo el mundo. Pero ser como todo el mundo es difícil, es un asunto de devenir, es hacer del mundo un devenir: no todo el mundo, ni mucho menos, hace de todo el mundo un devenir.
No es un juego de palabras. Hacer como la Pantera Rosa es hacer como la hierba: hacer del mundo un mundo comunicante, eliminando lo que nos impide estar entre las cosas y crecer en medio de las cosas. Se consigue a fuerza de eliminar, es cuestión de ascesis y de sobriedad. Mi territorio queda así fuera del alcance del lenguaje del ser, no porque sea imaginario, sino porque estoy continuamente trazándolo, como el nómada.
El resultado, cuando el mundo deviene rosa, cuando hemos devenido mundo, es que ya no tenemos nada que esconder (lo que se esconde es siempre lo mismo, cuestiones de amor y de sexualidad). Y no teniendo ya nada que ocultar, no podemos ser atrapados, el mundo huye, somos imperceptibles (deshacemos la lógica del amor, que es una lógica narcisista, porque habla fundamentalmente del yo, para devenir capaces de amar).
Texto de Maite Larrauri, El deseo según Gilles Deleuze
Qué exquisitez leer eso y sorber aquello...
Lo mundano: La fragilidad secuestrada
Acontecimientos van y vienen
son y se transforman
o más bien son y nos transforman
osease que no sólo van y vienen como Pedro por su casa...
sino que se hospedan como las pulgas.
Sigue siendo sorprendente cómo el ser humano es y será por los siglos de los siglos, vamos, no lo quiera más algún dios; el animal más bestialmente lampiño (increíble, una bestia sin pelos, nefasto!) y temido y, por favor! que se pongan de acuerdo todos los dioses!; más hermosamente compasivo, amoroso... ¿Cómo carajo hacen eso?!
Es increíble la capacidad de torpeza, de dejo de sí mismo, del olvido de la conciencia, de la auto-conciencia y vaya la redundancia cuando aquella bestia está manejando un auto, cuando sus manos y facultades mentales se degeneran por la "posesión" de..., y le brotan ojos de lindo enajenado -ya fuera bien bienvenida por la mari...juana, pero no!- por las máquinas: cochecitos modelo "blah, blah, blah" que les hace creer que parecen lo que quisieran pero nunca son o los hacen sentir con poder, estúpidamente les crece un ego lastimosamente bruto; o cuando tienen entre sus manos ya no un volante -o las dos cosas- sino un... o dos teléfono móviles y alguno de ellos inteligentemente apodado "la bb" o la cajita esta, computadora portatil o el aparatito ese donde se conjuga toda la música que se puede para desconectarse del mundo, de los otros, de uno mismo... O los "nuevos" alimentos siempre tan prácticos para dedicar menos tiempo a la preparación de aquello con lo que nuestro cuerpo se nutre e intenta sobrevivirnos...
Jesuxrsto super estrella, dónde están los demás dioses?! ¿Acaso Baco los ha invitado de fiesta más seguido que antes? ¿Se ha sentido muy solo?
Vamos! Nada tengo contra la tecnología... El asunto es que poco se está conectado con lo real, con lo verdadero, con lo esencial... Poco sentimos a Gea, nos olvidamos de tanto.
¡Esta humanidad nunca va a evolucionar? La tecnología los hace cada vez más sosos aunque eso sí "bien ingeniosos", no? Tonterías! De qué viene la ingeniosidad si el espíritu está encerrado en un cuerpo que ha sido reducido a su más mediocre capacidad? En dónde ha quedado la evolución humana? ¿En el conocimiento de todo menos -como es sana costumbre- de uno mismo?
Seguir siendo bestiales pero con máquinas "sofisticadas" es... sí, seguro, un gran paso para la humanidad. Algo bien civilizado, no cabe duda...
Intentan conquistar el universo externo cuando el interno, el que se-tiene-a-la-mano, el de mayor valor está lleno cada vez menos de polvo de estrellas y más lleno del polvito de estrellas al escuchar comentarios tan... burdos como "no manches ca'on, parecías... te veías bien chingón, así poca madre, como el de la película esa donde blah, blah, blah, nomás faltaba la música de fondo de fulano de tal y que toda la ciudad estuviera así en llamas y con gritos de terror para que te vieras más temeroso y todos se quedaran más pe...rplejos mirándote." Jaj! Demonios... Mi cara estalla en gesto de fastidio.
Ahí está nuestro mundito compartido, metido en la apariencia "parecías, te veías, se me figuró como cuando..., si usaras"...y en la enajenación. En el olvido de la fragilidad del ser.
¡Dioses, qué ha quedado de la conciencia? O en todo caso, estos fulanos lampiños y brutos... dónde coño la tienen metida?! La conciencia, claro...
Mientras suceden los acontecimientos...
Tal vez hay que seguir agradeciendo por ellos...
Por las sensaciones que se reactivan como aquella de rabia o de alegría
de paz o de angustia
de llanto o de risa...
Tal vez hay que agradecer por tanta falta de conciencia en los otros
así por lo menos sigo tomando -como si fueran chochitos homeopáticos y sin receta médica-
más consciencia de mi, de los míos, de aquellos seres con los que gusto compartir,
de cuestionamientos que surgen y orillan a enfrentarme conmigo un poco más.
Ser agradecida por poder sonreír mientras voy viajando hacia el mundo de los sueños
reviviendo la sonrisa de mis padres, hermanos...
Agradecer por cada instante de vida.
¡Carajo! ¡Maldito loco al volante! ¡Lo odio! Bueno ya no. Pero cómo lo odie!
Ah... Agradezco también por ese mequetrefe!
Y me excuso... sólo un poco, por la pequeña expresión tan lindamente grotesca.
Mientras, sigo preguntando ¿dónde ha quedado la conciencia de la fragilidad del ser? Porque todos la saben, todos conjugan artimañas contra ella... Todos los días la observo, la observamos...
Y sin embargo la encierran y botan, la olvidan dentro de sí mismos junto con el espíritu.
son y se transforman
o más bien son y nos transforman
osease que no sólo van y vienen como Pedro por su casa...
sino que se hospedan como las pulgas.
Sigue siendo sorprendente cómo el ser humano es y será por los siglos de los siglos, vamos, no lo quiera más algún dios; el animal más bestialmente lampiño (increíble, una bestia sin pelos, nefasto!) y temido y, por favor! que se pongan de acuerdo todos los dioses!; más hermosamente compasivo, amoroso... ¿Cómo carajo hacen eso?!
Es increíble la capacidad de torpeza, de dejo de sí mismo, del olvido de la conciencia, de la auto-conciencia y vaya la redundancia cuando aquella bestia está manejando un auto, cuando sus manos y facultades mentales se degeneran por la "posesión" de..., y le brotan ojos de lindo enajenado -ya fuera bien bienvenida por la mari...juana, pero no!- por las máquinas: cochecitos modelo "blah, blah, blah" que les hace creer que parecen lo que quisieran pero nunca son o los hacen sentir con poder, estúpidamente les crece un ego lastimosamente bruto; o cuando tienen entre sus manos ya no un volante -o las dos cosas- sino un... o dos teléfono móviles y alguno de ellos inteligentemente apodado "la bb" o la cajita esta, computadora portatil o el aparatito ese donde se conjuga toda la música que se puede para desconectarse del mundo, de los otros, de uno mismo... O los "nuevos" alimentos siempre tan prácticos para dedicar menos tiempo a la preparación de aquello con lo que nuestro cuerpo se nutre e intenta sobrevivirnos...
Jesuxrsto super estrella, dónde están los demás dioses?! ¿Acaso Baco los ha invitado de fiesta más seguido que antes? ¿Se ha sentido muy solo?
Vamos! Nada tengo contra la tecnología... El asunto es que poco se está conectado con lo real, con lo verdadero, con lo esencial... Poco sentimos a Gea, nos olvidamos de tanto.
¡Esta humanidad nunca va a evolucionar? La tecnología los hace cada vez más sosos aunque eso sí "bien ingeniosos", no? Tonterías! De qué viene la ingeniosidad si el espíritu está encerrado en un cuerpo que ha sido reducido a su más mediocre capacidad? En dónde ha quedado la evolución humana? ¿En el conocimiento de todo menos -como es sana costumbre- de uno mismo?
Seguir siendo bestiales pero con máquinas "sofisticadas" es... sí, seguro, un gran paso para la humanidad. Algo bien civilizado, no cabe duda...
Intentan conquistar el universo externo cuando el interno, el que se-tiene-a-la-mano, el de mayor valor está lleno cada vez menos de polvo de estrellas y más lleno del polvito de estrellas al escuchar comentarios tan... burdos como "no manches ca'on, parecías... te veías bien chingón, así poca madre, como el de la película esa donde blah, blah, blah, nomás faltaba la música de fondo de fulano de tal y que toda la ciudad estuviera así en llamas y con gritos de terror para que te vieras más temeroso y todos se quedaran más pe...rplejos mirándote." Jaj! Demonios... Mi cara estalla en gesto de fastidio.
Ahí está nuestro mundito compartido, metido en la apariencia "parecías, te veías, se me figuró como cuando..., si usaras"...y en la enajenación. En el olvido de la fragilidad del ser.
¡Dioses, qué ha quedado de la conciencia? O en todo caso, estos fulanos lampiños y brutos... dónde coño la tienen metida?! La conciencia, claro...
Mientras suceden los acontecimientos...
Tal vez hay que seguir agradeciendo por ellos...
Por las sensaciones que se reactivan como aquella de rabia o de alegría
de paz o de angustia
de llanto o de risa...
Tal vez hay que agradecer por tanta falta de conciencia en los otros
así por lo menos sigo tomando -como si fueran chochitos homeopáticos y sin receta médica-
más consciencia de mi, de los míos, de aquellos seres con los que gusto compartir,
de cuestionamientos que surgen y orillan a enfrentarme conmigo un poco más.
Ser agradecida por poder sonreír mientras voy viajando hacia el mundo de los sueños
reviviendo la sonrisa de mis padres, hermanos...
Agradecer por cada instante de vida.
¡Carajo! ¡Maldito loco al volante! ¡Lo odio! Bueno ya no. Pero cómo lo odie!
Ah... Agradezco también por ese mequetrefe!
Y me excuso... sólo un poco, por la pequeña expresión tan lindamente grotesca.
Mientras, sigo preguntando ¿dónde ha quedado la conciencia de la fragilidad del ser? Porque todos la saben, todos conjugan artimañas contra ella... Todos los días la observo, la observamos...
Y sin embargo la encierran y botan, la olvidan dentro de sí mismos junto con el espíritu.
14.2.11
13.2.11
Morir mientras el sueño entre el dormir y el vivir...
Tomo el pequeño libro que lleva por título "Hamlet", me estiro en el suelo mientras la noche acurruca sombras demás. Mi mano derecha sostiene mi cabeza inclinada y los ojos, mis ojos, se cierran tratando de llevarme a la entrada de la oscuridad que me habita...
De pronto el silencio embarga con estupor y el frío saluda mi cuerpo.
Decido recogerme, sentarme cerca de la abertura enmarcada en la pared, respirando la noche que entra y en mis manos aún resguardo el pequeño libro.
Al fin decido abrirlo; por la ventana va entrando lo que nunca olvido. Hojeo, releo los fragmentos favoritos y me detengo en el recuerdo de la última vez que fueron leídos... Una leve sonrisa desdibuja el rostro y comienzo de nuevo, como es costumbre en la vida. Contengo la mirada en el monólogo del acto tercero, segundos después repito en voz alta, según me hace creer mi imaginación, haciendo aflorar las emociones incubadas:
"¡Ser o no ser, he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir…, dormir, no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir…, dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes: y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción… Pero ¡silencio!…"
"¡Morir... dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar!"
Ya es hora como ayer, como hoy, como siempre, como nunca.
Cierro el pequeño libro poniéndolo sobre mis muslos mientras recojo un tanto más mis piernas para abrazarlas. Levanto la mirada hacia las nubes que adornan esta noche la bóveda celeste dejando que aquella vibración que trae consigo la baja temperatura continúe acariciando de poco en poco mi cuerpo y se impregne hasta en el último rincón de la habitación, sobre la cama, un tanto más entre la almohada... Esta materia se complace con la sensación como cuando la lengua, los dientes, las encías, el paladar se extasían con el vino que pretende impregnarse en ese espacio; mientras la oscuridad interminable que me habita va llamándome, con los ojos cerrados de nuevo, finalmente entro.
Es momento de moverse entre el otro mundo, tan incierto y real.
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