14.2.12

De las horas sin tiempo

Tengo sueño y mis dedos han comenzado a juguetear con mi cabello... 
Hacen y deshacen trenzas como si fuese la hora del recreo. Reacomodo el cuerpo, giro la cabeza hacia un lado y los dedos sigue entrelazando mechones, jalan la liga hasta apretar la punta, vuelven a deshacerle con suavidad y las extremidades de la mano se pasean de abajo hacia arriba... Miro en el espejo la espesura y el brillo de esta melena, le acaricio, le respiro, cambio la postura de las piernas, recargo la espalda, atrapo el cabello entre las manos, los dedos se rozan en esa suavidad mientras lo dividen comenzando una vez más, se detienen a la mitad, aprietan la liga, la trenza queda de un lado sobre el pecho, dejo que las palmas sientan la textura y deslizamiento en delicada caricia de arriba-abajo... Tengo sueño y sigo sentada, ya no veo mi rostro, los pies están desabrigados, la pared besa la espalda... Tal vez espero que la trenza crezca, me cubra y en una ola atore la puerta, agriete paredes y tumbando ventanas me expulse. 
Duermo. Despierto. Desvanezco con el aroma en la trenza impregnado de sales internas ...

6.2.12

No comprendo el acto de mudarse las ropas al anochecer, arropando el cuerpo, si cada vez que despierto desde los pies, todo, todo está desnudo...