25.8.11

Fragmentando el instante

Soy tierra
árbol...
Agua de viento
estallando en fuego.




Despierto 
entre el sabor dulce de palabras perdidas en el silencio 
en la sonrisa nocturna
en el alba...




Expande el universo
de tu camino la luz
mientras en jardín
austero y aromas cítricos
encuentro el reflejo
inagotable
de las horas del té creadas con tus manos.

19.8.11

Hija del viento
[Alejandra Pizarnik]


Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


Exilio
[Alejandra Pizarnik] 

                                                   A Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


15.8.11



Espero con ansias pasen los días...
mientras la lluvia me canta.




12.8.11

De las horas ausentes

¡Oh, Abuela, dónde has ido?
Dónde tejes en estos instantes las silentes palabras que en tu suave voz acompañaban las horas sosegadas de mi espíritu aturdido por el barullo sin principio ni fin? 


¡Oh, Abuela, dónde tus sabias manos en caricia que apacigua brindando gesto en sonrisa mientras resguardas el ánima que rompe en olas?


Sacude un viento el árbol que carga gotas de ácido dulce arrastrando pedazos oxidados de mi espíritu... y las hojas en pequeños remolinos reviven el paisaje de mis ojos con cristalina y húmeda intensión evaporada al tocar tierra.


¡Oh, abuela, dónde va tu mirada que señala el brillo de los pies entre el camino que vamos haciendo?


La niña recoge sus pies abrazándose fuerte bajo la sombra en la quietud del árbol que recibe sobre sus hojas luces desde el universo.