Oh, melancolía,
melancolía!
¿Qué hallas
dentro de mí
para querer ocuparme
de vez
en vez?
Oh, melancolía,
melancolía!
Ciegamente abrazas
a un cuerpo,
a un espíritu,
a un corazón
que tienen
ceñido espacio
para vos...
Oh, melancolía,
dulce melancolía!
De qué máscaras e ilusiones
haces artificio
para que
de ratos a ratos
este espíritu
este cuerpo
este corazón
tengan atrevimiento de
daros alojo?
Sos necia,
oh, melancolía...
Melancolía
sos solitaria,
oh, melancolía,
melancolía...
Lamento tanto aquel, tu deseo
en permanecer dentro.
De tu visita,
procúrala cada vez menos,
menos,
que los desiertos
del espíritu,
del corazón
y la razón
están ávidos de todo
menos de vos.
Entonces
entenderás
el vacío,
lo absurdo
de la existencia vuestra
y un día por fin de entrar dejarás
a este cuerpo
que te abomina
a este espíritu
que recela de su espacio
a este corazón
que rehúsa la esclavitud.
Oh, melancolía,
dulce y pobre melancolía...
Usa para tu escape
las cuerdas sonoras
y vibrantes que el cuerpo desprende
cuando danza.
Deslízate, para no avergonzarte,
por entre el velo que el espíritu dibuja
cuando llueve y refresca estremeciéndole.
Reviéntate y desaparece
por entre las ondas
que desprende el corazón
cuando salta,
sonríe
y vuela.
Un deseo:
El mejor de los viajes en el destierro.
Un acto:
De frente la última mirada
a la orilla del portal.
Una última palabra:
Ciertamente no me vistes de negro
es un color que me atrae por sí mismo.
P.d. No se sorprenda la extrañeza por tu no regreso, melancolía...

