7.9.11

Siete de los seis mil dos instantes en la vida

Ahí, al final del camino observo la silueta de un imponente y hermoso animal, sonrío avanzando con presteza hacia su encuentro.
Sus orejas obsequian gentil brisa mientras acerco el rostro recargando mi frente cerca de su ojo, bajo mis párpados, mis manos se encienden en tonos de amor y agradecimiento al sentir la vida a través de su piel, su rugosa y seca trompa rodea mi cuerpo en cálido abrazo mientras en silencio nos escuchamos. 
Cruje una rama haciendo eco en el interior mientras se descifran sus latidos en mi vibración:


"Antes del alba
a través del susurro del frío viento
bajo la bóveda celeste 
estaremos meditando en la vida de la muerte..." 


Hay calor rodeando el cuerpo, enderezo mi cabeza, abro los ojos y observo mis manos, la luna, las sombras... Y de nuevo acompaña el frío.


Los rayos del sol terminan por desvanecerse del firmamento.
Vuelvo los desnudos pies al camino de tierra.


Sentada observo cómo desde la fogata el pocillo exhala vapores inundando de tibio y aromático aliento los instantes de espera.

5.9.11

Observé diamantes cayendo en gotas
de entre las nubes
acompañando el silencio
desde el alba hasta el ocaso...


Pretendí sentirlas
como sensación nueva
estrellándose y escurriendo por la cabeza...
Recorriendo en sutil caricia
cada parte de esta materia.


Me adentré en perlas 
asentadas al borde de las hojas
mientras el gélido viento abrazaba mi rostro
depositándose en beso sobre mis párpados cerrados 
y así emergió la imagen de efímeros instantes atrapados por la abertura del iris:
eran sus pies desnudos impregnándose de tierra, agua, hojas... y de caminos lejanos llenos de danzas entre vientos de fuego.


El sonido de la caracola me despertó a través del recuerdo susurrando un secreto mientras la vibración se expandía por cada poro de mi cuerpo


Comenzar de nuevo... 
Comenzar de nuevo.