7.11.10

Siete, mil novecientos ochenta. Inicio de un noviembre que sigue fabricándose desde un febrero dos...

Ser

A sabiendas de mis genes
A sabiendas de mi cultura
A sabiendas de las circunstancias
A sabiendas de este siglo

Ser siendo

Entre los tiempos
Entre los sueños
Nadando entre las contradicciones
Renaciendo a mis antepasados
Respirando junto a mis presentes...

Ser siendo sin dejar de ser

Mientras cambia el cuerpo
Mientras transmuta el pensamiento
Mientras mueren y florecen los deseos
Mientras me desaparecen las realidades
Mientras bombardea el deber ser
Mientras afirmo y niego

Con nada que perder


Que siga el gusto melodioso, vida,
por conocerte conociéndome
despojándote despojándome
al crearte recreándome
surgiendo y desapareciendo...
Instante tras instante.

"Feliz mi año
mi camino
en la vida
más allá de la vida"

1.11.10

Muerte del hombre
Alí Chumacero


Si acaso el ángel desplegara
la sábana final de mi agonía
y levantara el sueño que me diste, oh vida,
un sueño como ave perdida entre la niebla,
igual al pez que no comprende
la ola en que navega
o el peligro cercano con las redes;
si acaso el ángel frente a mi dijera
la ultima palabra,
la decisión mortal de mi destino
y plegando las alas junto a mi cuerpo hablara,
como cuando el rocío desciende lento hacia la rosa
al dar el primer paso la mañana,
ya miraría en mi sangre
el negro navegar, la noche incierta,
el pájaro que sufre sin sus alas
y la más grave lentitud: la muerte.
Aun cerca de la íntima agonía
estás, oh muerte, clara como espejo;
más abierta que el mar,
más segura que el aire que entró por la ventana,
más mía y más ajena
por mi sangre y mis brazos
en esta soledad.
Estás tan fértil como niño
que, angustiado, llora antes de ser,
entre la sangre siendo
y por la piel más vivo que la piel;
te llevo como árbol, tierra y cauce,
y eres la savia pura,
la flor, la espuma y la sonrisa,
eres el ser que por mi sangre es
como la estrella última del cielo.

Si acaso el ángel sigiloso
abriera la ventana
te miraría salir interminablemente
como un tiempo cansado
hacia su sombra vuelto,
como quien frente al mundo se pregunta:
¿En qué lugar está mi soledad?

Si acaso el ángel me mirara,
abierta ya la niebla de mi carne,
sin nubes, sin estrellas,
sin tiempo en que mecer la luz de mi agonía,
encontraría tan sólo a ti, oh muerte,
llevándome a tu lado, fiel;
te encontraría tan sola a ti, sin mí,
ya sin cuerpo ni voz,
sin angustia ni sueños,
te hallara entonces pura, oh muerte mía.