Se acercaron a la barra, el lugar se encuentra medio lleno, medio porque la noche va empezando, aún hay lugares cerca en la terraza, La terraza, qué hermoso paisaje, antes de sentarme pediré mi bebida, comenta la chica, No quieres esperar a que nos sentemos y nos atiendan, pregunta una voz amiga, No, el buen sabor no puede esperar más tiempo a ser saboreado, Vale, te esperamos en la terraza, Prometo no tardar. Los saludos no se hacen esperar entre los conocidos de la barra y la chica que llega por su bebida, Pero bueno, cuánto tiempo sin ver vuestro hermoso rostro, jovencita, exclamó el dueño del lugar, Hombre, desde que descontinuaron mi tan amada y bienaventurada bebida no podía soportar la idea de no tener entre mis labios aquella textura, aprehender con mi lengua aquel sabor y que ya no penetrara aquel perfúme entre mi nariz, Exageraste, tenemos otras bebidas, también son buenas y puedes llegar a desearlas, No lo dudo, pero como Martín; lo llamaré Marte, no hay dos, mi querido, y si sólo se tienen ansias de Marte lo demás resulta vacío, sin cuerpo, sabor a nada, perfúme muerto, no quería eso, pero que va, Marte ha vuelto, qué no, terminó de decir la chica en tono de broma-pregunta, Tenés razón, podés servirte tu misma, sigue disponible para vos cuantas veces quieras, mi querida, adelante, está en, En el lugar de siempre, interrumpió preguntando la chica, ansiosa y lenta, No, ésta vez hay un segundo piso hacia abajo, es la bodega nueva con las novedades, le guiña el ojo y la chica levanta una ceja extrañada y sonríe, se abre paso entre la gente, como cegada, hacia el lugar en busca de lo que le hará estallar de placer su paladar y le cerrará los ojos mientras por su cuello y piel las descargas se harán presentes.
Ahí estaban, la chica y su vino Marte, cosecha especial. Uno de los mozos a la entrada de la bodega nueva se ofreció a llevarle el Martín, para ella Marte, hasta su mesa, No, lo tomo aquí, ya habrá ocasión para llevarlo, el mozo se retira y queda sola en la bodega nueva para las novedades. El dueño del lugar sabía lo que existía cuando ella lo bebía, no fue un sueño la primera vez que vió lo que sucedía con ella en los instantes consecutivos del contacto entre sus labios y el tinto, un deleite a su vista, el dueño del lugar no se consideraba voyeurista, sin embargo la primera vez que vió los sucesos comenzó a mirar de más, a observarlos; no logró apartar su vista de aquellos movimientos entre luz y sombras, entre curvas y rectas, ni se perdió sonido alguno por un sólo instante. La chica había encontrado en la nueva bodega un lugar apartado, en el suelo yacía un cuadro grande de madera lisa y barnizada, seductora al tacto, un corte largo de tela hacía de cortina y cubría algunos metros de suelo, una lámpara de alcohol bañada en bronce a media altura, a parte de alumbrar el lugar permitiría reflejar sobre la tela que fungía de cortina las curvas en ondas por el movimiento, plasmando la sombra como un cuadro, Un ambiente seductor para un observador o para, se quedó pensando, sí y para las novedades, exclamó para si misma la chica sonriendo al saber que el futuro uso de ese espacio quedaría encantado al dejar fluir el esperado encuentro. Giraba su cabeza y su cuerpo en dirección de las botellas, la presentación de ésta había cambiado, sin embargo, se reconocían esas letras, la forma y el cuerpo de cuyo sabor no había podido olvidarse.
Momentos efímeros, eternos.
El dueño del lugar se precipitaba, deseoso por alcanzar una mirada efímera a la tela que recibía las sombras plasmadas de las formas del cuerpo, atendiendo a los clientes-amigos, gente bien, gente nueva, un segundo tras otro pensaba y la imaginación lo sacó del presente, no se dio cuenta cuándo sus dedos se debilitaron y soltaron las copas que entregaba, sus ojos estaban dispersos, su mente concentrada en una imagen, en un sueño que no fue sueño y en la imagen saboreaba la idea de rozar con sus dedos aquel camino por donde Martín, Marte para ella; se abría paso lento, rápido, quedando seco el camino; la piel de la chica lo iba absorbiendo.
Momentos ausentes, presentes.
Mil disculpas, exclamó el dueño del lugar al darse cuenta de que uno de los mozos limpiaba al rededor de él y otro prestaba una servilleta a una de las cliente-amigas que había sido salpicada por la bebida que dejó caer, Al parecer estáis cansado o enamorado, replicó otra de las cliente-amigas entre risas y miradas extrañadas, Sí, he pasado las últimas noches en vela construyendo el área del sótano nuevo para las novedades, Ah, novedades, preguntó con tono de exclamación la cliente-amiga que había bromeado, Sí, hacía tiempo deseaba crear un lugar especial para las novedades, fue como una revelación en un sueño despierto, Vaya, tenés que mostrármelo, exclamó con entusiasmo, sin embargo el rostro del dueño del lugar permaneció sin gesto mientras las imágenes lo abrazaban de nuevo, volvió a recordar quedando como si estuviese vacío el cuerpo y sus pensamientos secuestrados, segundos después las clientes-amigas se alejaron mientras una exclamaba, Espero mi bebida, querido. El dueño del lugar sólo pensaba en que se había perdido el espectáculo de las sombras plasmadas por únicos instantes en su tela que fungía como cortina.
Al cabo de un rato, por entre la multitud se apareció la chica con un buen color de mejillas, fresca, los labios tremendamente hidratados y rojos; pintados por el tinto, llegaba a la mesa de la terraza mientras sus amigos y amigas esperaban, por lo menos, llevara consigo la botella de la aclamada bebida, Lo siento, se excusó ante el chico que venía como su pareja cuando preguntó si ya probarían el famoso vino Martín, Me lo he bebido todo, levantó los hombros e inclinó un poco la cabeza hacia un lado en actitud de disculpa mientras un ligero aire expandía el aroma que su cuerpo desprendía y sacudía sus cabellos, Intenso, pensaba la chica en el sabor de Marte mientras se sentaba completando el círculo formado por sus amigos sentados a la mesa. Instantes más, el dueño del lugar se acercó a la mesa con un conocido-desconocido, Miren quién está aquí, pregunta-exclamación que cayó de sorpresa a los amigos que rodeaban la mesa, algunos sonrieron al reconocerlo, otros aguardaron lo presentaran, Vino Martín, lo recuerdas, preguntó a la chica con una sonrisa de complicidad, Hombre, pero cómo olvidarlo, cómo olvidarte Martín, hay una bebida exquisita que lleva vuestro nombre, sonrió la chica, sonrió Martín. Se sucedieron instantes en los recuerdos mientras todos seguían alrededor, en sus instantes y el dueño se quedó saludando a unos, conociendo a otros. El tiempo nunca se detuvo, los instantes efímeros y eternos se juntaron en un sólo momento.
Princesa elefante se
columpiaba...