El tiempo no engaña.
Un clima soleado o frío siempre ha sido transparente. Que nuestros deseos sean que se mantenga constante desde que inicia hasta que termina no es responsabilidad del tiempo, del clima. Es irresponsabilidad y atrevimiento nuestro desear tal lineamiento sabiendo que ni siquiera nosotros nos mantenemos constantes desde que despertamos hasta que llegamos con morfeo, ya ni en el mismo sueño somos constantes.
Amaneció despejado, son las 2 pasado el meridiano y desde hace un rato el frío entró por las puertas transparantes, abiertas de par en par, comenzó a sentirse por entre los pasillos, se apropió de los cubículos, justo ronda por atrás del respaldo de la silla que protege mi espalda, sólo mis manos, mi cuello y mi rostro sufren un poco la tensión que provoca.
El tiempo no engaña.
Son las palabras quienes engañan: el día o la noche fué perfecto, qué hermoso día o que molesto es; cuando el sol está en todo su esplendor, qué día tan deprimente; siempre nublado, bla, bla, bla.
No, no es el tiempo/clima quien se pone todo loco y por el cual cargamos en vano con abrigos y paraguas o vamos desprovistos cuando se torna correntoso el cielo y tampoco es el motivo de todos nuestros males; aceptar es necesario si se padece de depresión, un dia nublado sólo es un día lleno de nubes, no carga consigo la depresión, o lo contrario con el sol en todo su esplendor, el sol no carga consigo un ánimo alegre que se esparce como si fuese queso mozzarella sobre la pasta.
Son las palabras quienes nos ponen a todos locos cuando agitan nuestra lógica, cuando crean un mundo que nos tragamos o que se atreven a tragarse otros.
El tiempo no engaña, nuestra vida es regida por ciclos rítmicos que nos permiten evolcionar en armonía con la totalidad, y no es un "dia tan feo" por estar nublado, sólo nos invita al sueño, no a la depresión.
El sol calienta rico, aunque a veces quema y cuando se oculta te deja con frío.
La lluvia empaña las narices, a veces abraza si te dejas y cuando te suelta te deja frío.
Parece, "me dicen" los truenos y relámpagos, me quedaré atrapada en este cubículo hasta que pase la lluvia, si es que las ganas de mojarme en estos instantes estuvieran dormitando.
Las gotas no se han hecho esperar, un plaf tras plaf se estrellan embarrandose unas sobre otras cerca de la ventana, sobre el techo de la biblioteca, sobre los edificios; y el edicio que sostiene este cubículo, sobre el asfalto que me espera para tomar el transporte que me sacará de estas construcciones.
Las copas de los árboles reverdecen con la lluvia, el olor de la tierra renace entre el agua, el aire sirve de transporte y lleva por donde le place los perfúmes de la resurreción de los elementos, alguna fogata se habrá extinguido elevando la presencia del fuego; el único que ha muerto mientras los otros resucitan.

El tiempo no engaña, sólo es el aquí y ahora: este instante es lluvia, más un poco de sueño con ganas de lo típico; una bebida harto calientita.
Princesa elefante se columpiaba sobre la tela de una araña... Le ha salido un callito en el dedo gordo del pie izquierdo por andar bailando...
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