Juguetean los dedos del pie derecho con las ramas que penden del árbol.
Llegó por vía aérea un vestido de gala, en grises tonos, para el cielo de esta tarde-noche.
Ráfagas de viento sacuden el cuerpo, misterioso y bestial, mientras reposa al vaivén de las hojas.
Paraiso creado, re-creado, sin ser pisado.
Sosiego entre hierbas y ramas,
sonrisas vibran al compás de la lluvia,
desabrigados los pies abrazan el roce entre hojas, ramas
y mandarinas.
Del espíritu nace un coro para danzar el cielo.

Mientras la tierra mojada seduce, gotas de café esperan vida entre los labios.
