El rostro mira hacia las estrellas y el cabello juega a ser tentáculos bajo el mar.
El torso se estira, gira hacia un lado mientras la cadera y las piernas pasean hacia el lado contrario.
Así van las olas empujando, meciendo, acariciando, refrescando.
Mientras el cuerpo, mi cuerpo, se mueve hacia un lado, los brazos parece saludan lento; el pecho se abre, la cintura se exprime, todo juguetea al compás de la marea y los pies se dejan acariciar.
Tratando de conciliar el sueño, imagino entre las sábanas aquel mar onírico que domina, que sacia; mientras la primavera de este otoño asfixia el cuerpo durante las noches sin dejar dormir, volviendo la boca un desierto y la luna, toda llena de frescura y satírica, me saluda desde mi ventana.
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