¡Oh, Abuela, dónde has ido?
Dónde tejes en estos instantes las silentes palabras que en tu suave voz acompañaban las horas sosegadas de mi espíritu aturdido por el barullo sin principio ni fin?
¡Oh, Abuela, dónde tus sabias manos en caricia que apacigua brindando gesto en sonrisa mientras resguardas el ánima que rompe en olas?
Sacude un viento el árbol que carga gotas de ácido dulce arrastrando pedazos oxidados de mi espíritu... y las hojas en pequeños remolinos reviven el paisaje de mis ojos con cristalina y húmeda intensión evaporada al tocar tierra.
¡Oh, abuela, dónde va tu mirada que señala el brillo de los pies entre el camino que vamos haciendo?
La niña recoge sus pies abrazándose fuerte bajo la sombra en la quietud del árbol que recibe sobre sus hojas luces desde el universo.
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