Van revueltos los unos con los otros.
Van indiferentes porque se ven todos los días.
Ver a un pordiosero no inmuta a nadie, bueno, en realidad sólo a los niños (que van conociendo que existen personas que viven así), a los más nice les sale cara de descomposición (hasta eso, hay gente noble que les ignora o les regala una sonrisa).
Ver a un mugroso es lo más normal así como el acto de ignorarlo, de no extenderle la mano para recogerlo del suelo, pues ¿para qué levantarlo si no se tiene la posibilidad de llevarlo a un lugar donde pueda estar mejor o por lo menos ofrecerle un poco de humanismo? Tal vez regalarles un poco de comida sea lo más que podemos hacer.
Tal vez el propio humanismo es lo que los ha llevado a ser hombres mugrosos, que no lograron adaptarse a la sociedad con las opciones que ofrece, eso si, de que tienen opciones tienen opciones; de acuerdo a su suerte de nacido en alguna familia rezagada económicamente, emocionalmente o intelectualmente.
Pocos son los saciados, momentaneamente, con aguas cristalinas cuando la boca parece un pequeño y profundo desierto y los labios las grietas de una tierra que muere por la sequía, logrando acostumbrar al paladar a los propios meados, el único líquido que ha logrado beber, con frecuencia, sin que logre saciarlo desde hace tiempo.
Soy parte de esa masa de carne que no es capaz de llamar una ambulancia para recoger a un hombre tirado en el suelo embarrado de su baba espumosa, seca, que marca el pavimento de la banqueta caliente justo bajo su boca y parte de su rostro. Es una lástima que tengamos que hacernos miles de preguntas antes de actuar, antes de poder ayudar a alguien que desconocemos y no saber hacia quién ni dónde dirigirnos, o quitarnos un temor absurdo e infundado que nace cuando se quiere ayudar a alguien, en vez de ignorarlo, para que pueda ser levantando y atendido pero preferimos sólo mirar con tristeza y seguirnos de largo.
Todos hacen, hacemos nada porque es normal hacer nada, es de todos los días ignorar porque seguramente esos han elegido llevar la vida que llevan, o porque uno tiene sus propios problemas como para poder ocuparse de otros, o porque es normal que existan, se ven como parte natural de nuestro hábitat.
Y entonces resulta que los ojos se inundan porque el contraste es lastimoso. Observar los tipos de miradas. Cuando el tipo de mirada que se posa sobre un estrafalario, sobre los bonitos, sobre los que llevan lustro en su andar; es de admiración, de curiosidad, de seguirlos con la mirada.
Los ojos quieren estallar cuando se ve el contraste.
Cuado desde lejos se vislumbra a un hombre que no tiene la gracia de la suerte en la vida y entonces las miradas que se observan son de querer ignorar, o la mirada se torna desagradable como si se hubiese visto un vómito andante, o un estorbo entre los peatones...
Vamos revueltos, vamos indiferentes. Nos vemos todos los días entre los rostros diferentes, nos sabemos existentes y ajenos a todos, y parece sufienciente para hacer nada.
Vamos revueltos. En donde hay ojos siempre hay ceguera.
1 comentario:
mmm, no sé, creo que algunos escogen eso, a otros simplemente se les impone, y otros más nunca logran salir de allí, por más que intenten. Muchos dicen que está en tus manos lograr un cambio, "llegar más alto", sin embargo muy pocos lo han hecho, y los pobres cretinos que creen haber triunfado en la vida en la medida exacta en que pueden demostrarlo por lo que poseen, ellos me dan más pena aún. Confío en que algún día todo estará en su preciso lugar. Si no en la muerte, en la eternidad. ¿Alguna vez has agradecido por la mortalidad? prolongar el sufrimiento de tantos hasta la eternidad es algo que ningún creador podría soportar.
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