Mientras el ocaso,
el cuerpo da la bienvenida al frío
que le envuelve y acaricia.
Los ojos buscan las sobras
desconectadas del sentido
los pasos resentidos y presurosos
aguardan impacientes la llegada
nocturna para andar
con nueva sombra.
Árboles eternos calientan
esperando cantar sobre el silencio mundano.
Gritar sobre el silencio humano.
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