Cuántas ganas de ser esa hoja
sostenida al final de la rama
junto a la gota mandarina
cuando en pequeños fragmentos
el sol visita y reposa sobre ellas
anunciando el nuevo día...
Cuántas ganas de ser esa mancha verde
compartiendo entre el aroma del fruto
calores y lluvias...
¡Ah! Cuántas ganas de reposar en esa orilla
y al ritmo del ligero viento danzar o canturrear
según amerite la ocasión...
Cuántas ganas de dejarse llevar
y caer sutilmente en hermosas espirales...
Cuántas ganas...
Una tarde espléndida, como ninguna.
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