26.5.11

Últimos de octubre. Leonora Carrington

"Es difícil adivinar, con incidentes aislados.Tejerlos en forma de profecía supone una ardua labor. Azar: término no exudado por lo desconocido. Varios azares forman a veces una frase entera. Mi memoria tironea hacia la imagen nítida de algo jamás visto, aunque recordado y tan intensamente vivo que siento que me posee.


Un pinar blanco de nieve en un paisaje donde la gente va vestida con colores brillantes. Un ruido de cristales rotos. Caballos pequeños, desgreñados, veloces y fuertes como tigres. Nieve, polvo, y canela.


Con una máscara puesta, me encuentro a cuatro patas, con la nariz rozando casi el hocico de un lobo. Nuestros ojos se juntan en una mirada, aunque permanecemos ocultos, yo detrás de mí misma, el lobo detrás de él; estamos divididos por nuestros cuerpos separados. Aunque nos miramos atentamente a los ojos, un muro transparente nos aísla de la explosión en donde las miradas se cruzan fuera de nuestros cuerpos. Si por algún sabio poder lograse yo captar esa explosión, es misteriosa zona exterior donde el lobo y yo somos uno, quizá se abriría entonces la primera puerta y revelaría la cámara que hay detrás.


Anoche volvió en un sueño. Un ser cubierto de una piel peluda, y oliendo a polvo y a canela. Entré gritando en la piel, lana, o pelo, llorando unas lágrimas oscuras y pegajosas como la sangre. Unas lágrimas espesas por siglos de agonía de repente recordada, que deslustraban el abrigo de pelo y apestaban a nacimiento y muerte.
Confiando sin rebozo toda esa angustia a este hombre animal, vegetal o demonio. A continuación tomé entera posesión de los cinco sentidos corporales y sus largas raíces se hicieron tan visibles como el sol. La luz de una visión o de un sueño se halla unida a un cuerpo luminoso determinado del exterior. Ya no estoy sola en mi propio cuerpo.


Pensamientos y sueños, pero sin una sola partícula de polvo que pruebe su realidad. Entre tanto, consumo cada día de vida en cautividad."


La puerta de piedra

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