20.6.11

De pronto me cuelgo de un racimo.
Una caricia invisible balancea la tarde, la noche y un grito ahogado; refrescando paredes sabor a pálida tersura como la superficie del hielo acomodado en fruta tropical.


De un momento a otro me conecto al reflejo en el fondo del río, reflejo asfixiado
estallando a la orilla del cuello, del monte nevado donde jinete o mariposa gritan sin tiempo
corrompiendo el sonoro silencio envuelto en la gota de lluvia que escurre por entre el rostro
en el brazo
ya en el aire de tus dedos 
de mi boca 
de mi pecho 
de tu impulso sobre mis pies en el marco
recortados, tumbados en fantasía sobre un álbum abierto que cae lento 
muy lento, como la gota en precipitación fuera del cometa de papel asido de mis labios o de tu mano cerrándose y abriéndose.


Palpita la noche extraviada en las nubes de ayer.

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