13.7.09

Extraños

Soy adicta. Alcóholica.
He realizado un autoanálisis y me doy cuenta de mi comportamiento.

Gabriela, exageras!

Tito, creeme que no!
Lo soy, me sé alcóholica... he caído en cuenta que todo cuanto hago es para evitar el alcohol, para evitar lo que ya no recuerdo que era.

Creeme que no. Tienes un problema, sí, pero es más bien el de crear irrealidades! No manches Gabriela, en toda tu vida, y hasta donde platican tus parientes, nunca te has puesto peda, ni te has caído de una silla por estar borracha, ni te has meado sobre tu ropa por no poder contenerte en una fiesta, ni has vomitado encima de alguien que estuviese ayudándote a sentar o a levantar, ni te has quedado dormida junto a algun extraño en el suelo sobre tu vómito, y yo, yo! nunca he tenido la necesidad de querer alejarme de tí por algún comportamiento relacionado con la bebida. Yo que soy hijo de un padre alcóholico y que he superado el jodido patrón de conducta que me hacía relacionarme con otro alcóholico... Qué te sucede, por qué de buenas a primeras te aferras a una idea que es tan ajena a tí.

Caray Tito, no te das cuenta, nadie se da cuenta. Cada que voy al supermercado tengo que hacer un esfuerzo enorme por evitar el pasillo donde, como si estuvieran formadas las botellas de vino, de whisky, están esperando una orden de mi parte para que, cual soldaditos, vayan avanzando con saltos hacia delante y los atrape para colocarlos en el carrito. No tienes idea de lo desesperante y angustiante que es sentir mis papilas gustativas con un deseo explosivo de saborear el vino o whisky, o sentir mis labios palpitando al ritmo del corazón por humedecerse con tan agobiantes texturas liquidas.
Carajo Tito! no te das cuenta y nadie se da cuenta porque precisamente lo que he elegido como modo de vida es para evitar todo ello, para evitar ponerme a berrear haciendo preguntas estúpidas que sólo tendrían sentido para mí, para evitar reirme como loca sin control, para evitar desnudarme o abrirme de piernas ante el primer cabrón que pretenda seducirme, para evitar caerme de la silla, para evitar mearme en el bar, para evitar vomitarle encima a alguien que me este recogiendo del suelo, (no en el suelo). Por eso digo Tito, soy alcóholica, una maldita briaga conteniéndose!
Ah, Tito, la excitación por un vino me corroe y no tienes idea de cuánto, al grado de que mi cuerpo, mi espalda, mis senos excitados, mi piel tienen la sed de beberse el vino por mi. Mi cuerpo ha mutado, ha encontrado la manera de no limitarse del alcohol, el puede beberlo sin que yo lo haga llegar por el esófago, como si toda la piel fuera una extensión de mi boca y mi lengua. Como si cada poro pudiera estremecer el cuerpo sin necesidad de la lengua degustando el vino. Y entonces el cuerpo se estremece cada que las botellas aparecen, o mejor dicho, cada que me aparezco ante los pasillos repletos con vino. Entonces las manos, carajo Tito, las manos tienen vida propia y cada que toco una botella los dedos estan queriendo succionar el vino a través del vidrio polarizado, la nariz se agudiza al grado de que todos los jodidos olores que estan viajando a través de los pasillos se concentren en penetrarme hasta el fondo las fosas nasales sin importar el posible malestar que provoque semejante exceso de olores, dejando las fosas lastimadas, resecas y todo para lograr robar un ápice del aroma contenido y apretujado, en las botellas, que se escapa de a poco por esos poros del corcho. Ah, Tito, la piel se excita con aquellas bebidas como si fuesen un hombre acariciando, besando, erizando los vellos y excitando lento todo el cuerpo.
Soy una maldita alcóholica y para poder superarlo necesito aceptarlo! Asi que, Tito, no me taches de loca, de mujer que se refugia en la irrealidad.

Gabriela, desde cuándo...?

Recuerdo mi niñez, preñada de imaginación insaciable y obligada a ser encerrarla en un tunel oscuro porque la realidad contrastaba con ella. A veces ya no sé si lo que vivo es la realidad o lo que mi imaginación va creando.

Se cierra la historia.

En realidad sería dificil hablar algo así, me imagino -escribe Nne-. Bueno, todo es posible si sigo imaginando. Esto de imaginar historias resulta divertido, aunque muchos adultos crean historias para que sus vidas no parezcan aburridas, y yo lo intento hacer con un niño para alejarnos del mundo por un rato, que con tan sólo casi tres años logra rebasar mi "insaciable imaginación", tal vez me siento cohibida. Es una sensación extraña de saberme adulto y ya no una niña, y recordar la niñez, cuando estábamos "preñados de imaginación insaciable..." "haciend, con lodo, pastelitos, vasijas, collares y otros etcéteras. En fin. Pongámosle un final a esta historia.


Tito, ya me cansé, bebamos un poco.

Está bien. Voy por las copas, saca el corcho. Tengo la urgencia de ir al baño, ahora sólo tenemos unos minutos para ponerle fin a esta obra y luego seguir con la mía.

No, Tito! ¡La apuesta! Aguantate, aguantateeeee.
Ya no pueeedoooo.

¡Perdiste! ¡Toca jenga!

No es el mejor de los finales pero, igual que Gabriela, ya me cansé. A beber!
No, no... no soy alcóholica. O tal vez sí y la usé a ella para aceptar mi posible problema.
Tito tuvo la suerte o mala suerte de que lo recuerde usando su nombre aquí. (Titus Andrónicus).

1 comentario:

LULAMAE dijo...

¿Sabías que bajo los efectos del alcohol vuelves a ser niño? lloras, ríes, hablas sin sentido, haces berrinche, y la gente, al igual que con los niños dice, déjalo está borracho en lugar de "sólo es un niño". Imaginar ser alguien más, tener otra historia, a veces cuesta trabajo adivinar quién soy en realidad pero siempre recuerdo que mi vida no es tan fantástica y regreso a mi propia historia, la que se desenvuelve lenta, lentamente. Todas las vidas posibles se narran en cualquier momento en mi cabeza, siento lo que sería estar en tal o cual circunstancia, lo que diría yo, lo que dirían los demás hasta que la historia es tan aguda que me mueve a esos sentimientos ajenos, entonces, con un suspiro vuelvo en mí recordando el fluir de mi existencia, "sin novedad en el frente".