30.7.09

Todo está nublado
según miran los ojos.

El calor ahoga de vez en vez
durante el medio día
hasta pasada la media noche.

Palpitante es el corazón por naturaleza.

Ardor en el esternón
flamea doloroso
como para pedir al corazón
deje por largos minutos su palpitar.

La sombra juguetona se ha extraviado;
como si la luz le hicera daño.

Saltar imploran las piernas;
cual peces sacados del agua,
asfixiadas por el peso.

Lentos entre la eternidad del tiempo
van los pasos;
como jugando carreritas contra las tortugas.

El tiempo espera ansioso
detenerse algún día.

Juguemos a escondernos;
que los otros te encuentren y
después tú los encuentras,
que los otros me encuentren y
después yo los encuentro.

Jugemos a desaparecer
distrayéndonos con la suspensión del cuerpo
en la ausencia.

Juguemos a ser desconocidos
para desaparecermos de la memoria mutua.

Juguemos a ser extranjeros
con un idioma divinamente extraño;
es más divertido jugar a Ser ajenos.

Juguemos cual perfectos desconocidos
evitando marchitar el espíritu
que sonríe ingenuo.

Juguemos a hacer discursos disfrazados,
así habrá certezas
y emoción por volar
la imaginación
para revestir el propio discurso.

Juguemos a que nos amamos
así cuando el juego se nos acabe
no te extrañaré
ni me buscarás.

Juguemos, pues, a ser niños y ancianos
así, si nos llega la época de oro
sabremos que no estuvimos solos
y quienes nos compartan en esos momentos reales
se sientan a gusto con ese anciano y anciana
que tantearon su ancianidad;
seremos niños ensayando para ser ancianos
y ya de ancianos estará la tentativa de ser niños.

Juguemos a que nos odiamos
con nuestras condiciones de juego.

Juguemos a lastimarnos mutuamente
mientras intento hacer esgrima y te picoteo con una rama,
mientras intentas recrear olas y me arrojas agua de a chorro.

Juguemos, despidámonos y olvidémonos.

Juguemos a ser adultos.

Juguemos a que respetamos a los otros.

Juguemos a ser creadores de ideas únicas.

Juguemos al juego propio y no al de la sociedad.

Juguemos al deber hacer para después odiar.

Juguemos a la guerra
para después hacer el amor.

Juguemos a temer
y al final
nos encontraremos frente al desapego.

Juguemos a que nos castigan,
que nos separan
y ya no volvemos más.

Juguemos a que no existe la esperanza.

Juguemos a despedirnos
una y otra vez
y otra vez.

Juguemos... sólo juguemos.

Juguemos a que teletransportamos
la consciencia a un mundo con el cielo que carga verdes
azúl turquesa, lilas
y que la locura
vive con tranquilidad entre nosotros.

Juguemos a someter la esclavitud
y quitarle el yugo a la libertad.

Juguemos al viaje de nunca jamás.

Juguemos a falsear la realidad,
a darle credibilidad a la irrealidad.

Juguemos a que nunca conocimos nuestro estar.

Juguemos a hacer promesas al asfalto;
que nunca será azotado por los rayos del sol
mientras lo regamos
sobre las macetas que carga.

Juguemos a estar no estando.

Juguemos a que nos inventamos nuestra cordura
y la contradicción la cubre.

Juguemos pronto
para atrasar la hora
de llegar a casa.

Juguemos a que no conozco tu aroma
ni tú el mío.

Juguemos a que los labios son de hule
y no hay peligro de sentirnos.

Juguemos a que nuestros espíritus,
si se juntan,
se marchitan
y después reviven.

Juguemos a que no sabemos jugar
creando las propias mediciones del juego.

Juguemos a que no nos interesa
ganar, perder
o abdicar.

Juguemos a nuestro primer encuentro
donde no hay sonrisas,
sólo ojos extraviados entre la multitud
y melodías entre los árboles.

Juguemos, pues, a estar en el presente...

Juguemos, pregunta una voz.
Jugemos, responde quien fue cuestionado.




1 comentario:

LULAMAE dijo...

Divino querida, no lo había leído pero me encantó :') Me dio mucho gusto verte ayer, me encanta platicar contigo! Ya estaremos viéndonos más seguido